Danzas Védicas, El Florecer del Alma

Por Sofía Cáceres Bravo / Para Somos Revista

 

“Teya… teya… teya…” marcan los golpes de pies sobre el piso… “Teya teya teya te… teya te… te…” la voz de la profesora resuena potente y segura en la amplia sala, donde una veintena de alumnas -vestidas con bombachas, blusones, una bufanda atada a la cintura y descalzas- intentan coordinar el rápido ritmo de la danza con la música. Es el segundo taller de Danzas Védicas realizado el año pasado en Chile.

Durante los meses de octubre y noviembre recién pasados (2014) se realizaron, en Viña del Mar y Santiago, dos talleres teórico prácticos de Danzas Védicas, danzas sagradas del sur de la India o Bharata Natyam. Fueron dictados por la instructora norteamericana Rebecca Busch, como parte de la programación permanente de la Organización Global Madre Divina (OGMD) sede chilena, que aborda el tema de género en la disciplina fundada por Maharishi Mahesh Yogui conocida como la Ciencia de la Inteligencia Creativa, cuyo fundamento es la práctica de la Meditación Trascendental, MT.

Somos fue invitada a participar en el segundo taller, realizado en Santiago en noviembre recién pasado. Creíamos que nuestra condición física era aceptable, por la práctica constante de Biodanza, pero después de desplegar un gran esfuerzo, pudimos constatar que habitualmente no ejercitamos gran parte de nuestros músculos y que la mayoría de las gimnasias no apuntan a coordinar todos los sistemas del cuerpo humano. Comprobamos también su capacidad para inducir relajación y movilizar energías.

Las tradiciones culturales preservadas por miles de años mantienen la vida en armonía con la ley natural.

Los efectos que se producen al practicar esta danza son innumerables y rápidos. La danza védica integra absolutamente nuestro cuerpo físico con nuestra mente y nuestra alma. Bailar con los brazos extendidos nos agotó a los pocos minutos… Sin embargo, muy pronto nos sentimos relajadas y energizadas.

La bailarina está descalza y practica diversos golpes con todo el pie en el suelo, lo que contribuye al ritmo y, además, es terapéutico. Los puntos de acupresión de la parte interior de los pies son masajeados y esto relaja y energiza el cuerpo completo, mejora la circulación y estimula los órganos internos y los principales meridianos de energía que se conectan a los pies. Este movimiento se ejecuta desde el primer paso y, por lo tanto, los principiantes pueden disfrutar de los beneficios terapéuticos de la danza.

La danza védica era bailada hace miles de años en los templos del sur de la India, como una ofrenda para avivar la totalidad y los valores divinos en el individuo y la sociedad. Tiene su origen en los Vedas, y sus variadas facetas son integradas en una estética armoniosa e inspiradora. Se danzaba en cortes y templos, como parte de rituales, festivales y celebraciones. En los últimos años pasó a los escenarios y ahora se practica globalmente. Las tradiciones culturales preservadas por miles de años mantienen la vida en armonía con la ley natural.

Significado universal

Llama la atención que una estadounidense haya asimilado tan profundamente la cultura hindú. Es Rebecca Busch, instructora de danza védica. Bordea los treinta años. Trigueña. Muy delgada y fina. Dice algunas palabras en castellano como “Gracias”, “Hola” y “Permiso”. Es de Iowa y asistió a la Escuela Maharishi de la Era de la Iluminación, donde se practica meditación trascendental dos veces al día.

Se graduó en Ciencia Védica. En 2005 comenzó su formación en danza védica con Dakota Chavis en la tradición de T. Balasaraswati, así como con otras maestras de los EEUU y la India especializadas en este estilo. Durante los últimos tres años ha estudiado con Saskia Kersenboom en Hungría. Completó los grados 1 y 2 del curso Dasi Attam en música del sur de la India, danza y poesía que ofrece la Fundación de Kersenboom Paramparai, certificados por el Consejo Internacional de la Danza de la UNESCO.

Rebecca declara su admiración por Chile: “Estar acá ha sido maravilloso. He disfrutado experimentar una nueva cultura. Santiago es muy hermoso, rodeado de espectaculares montañas y con la floración del jacarandá en la primavera. El pueblo chileno es cálido y amable, y ha sido muy receptivo con la danza. Mi mejor amiga es chilena, he tenido una gran satisfacción al haber podido pasar un tiempo con ella y su familia. ¡Me encantaría volver…!”

Explicando su acercamiento al mundo oriental cuenta que creció en una comunidad internacional. Ha meditando desde que era una niña y estudió la ciencia védica en la escuela. Su visión del mundo es muy abierta a otras culturas. Estudió ballet y jazz. También baile africano, salsa, bailes de salón y danza moderna.

“Cuando vi por primera vez una presentación de Bharata Natyam en la tradición de T. Balasaraswati –recuerda- fue una revelación para mí. Me sentí profundamente conmovida por la música, con los movimientos poderosos, gráciles y gestos precisos, con la riqueza de la expresión y la narración”.

Cuando comenzó a estudiarla, Rebecca sintió que había encontrado una forma de danza cuyo conocimiento haría más integral su crecimiento. No sólo era rica artísticamente, sino que también terapéutica: “Yo necesitaba hacer yoga para recuperarme de la tensión del ballet. Esta danza está precisamente basada en el yoga y me nutre tanto física, como mental y espiritualmente”, agrega.

Recuerda que su maestra T. Balasaraswati expresó al respecto: “Aunque las raíces de Baratha Natyam son profundas en la cultura del sur de la India, tienen un significado universal, porque el alma humana es la misma en todas partes y esta danza busca hacerla florecer en forma corpórea”.

Rebecca añade que el yoga y la meditación se han vuelto muy populares en todo el mundo. “La gente ha ido adoptando estas prácticas porque ven cómo ayudan a la vida a florecer de muchas maneras. En esta danza fluye el yoga, que es una meditación en movimiento”.

Bienestar y totalidad

Refiriéndose a las causas del bienestar que experimentan quienes la practican, Rebecca anota que hay muchas características de la danza que la hacen terapéutica y sanadora. Por ejemplo, sus posturas, basadas en el yoga, equilibran y fortalecen la fisiología y vitalizan la energía e inteligencia internas. Los patrones ordenados y geométricos del movimiento crean orden en la fisiología y promueven la coordinación mente-cuerpo. Los hasta-mudras o posiciones de las manos son como el yoga para las manos y se sabe que tienen una amplia gama de beneficios para la salud.

Los cursos que ofrece la OGMD son: Meditación Trascendental, MT; Sidhis-MT; Retiros y Asambleas de Paz Mundial; Programa de Madre Divina; Curso de Ciencia de la Inteligencia Creativa; Entrenamiento de Instructores; Ayurveda; Yoga; Madre e Hijo, Aromaterapia; Tecnología de Luz con Gemas; Tecnología de Vibración Védica; Astrología Védica; Educación basada en la Conciencia; MT en Comunidades Indígenas; Curso de Gandharva Veda Vocal, Conciertos y Danzas Védicas.
Asimismo añade que la música utilizada en la danza se basa en un sistema antiguo de la melodía y el ritmo, que es ordenado y armonioso. A menudo, las danzas se centran en torno a temas de amor y devoción, lo que permite la profunda expresión emocional, que eleva el corazón y el espíritu. “Cada aspecto diferente de la danza es inteligente y completo, y cuando cada uno de ellos se une con los otros, se crea un todo que es más que la suma de sus partes”, dice.

Rebecca trabaja con el concurso de una traductora, quien además es alumna. Pero las palabras usadas para marcar los pasos son comprendidas por todas las alumnas. “Teya… teya… teya… te…”, cada paso de baile tiene asociado un conjunto de sílabas rítmicas. Estas sílabas no tienen significado, sino que reflejan los sonidos rítmicos de los pies a medida que avanzan. Las sílabas son parte de la clasificación de los pasos de baile en grupos con características similares. También sirven como ayuda para la memoria, fortalecen la coordinación y el que cada paso vaya profundamente al cuerpo y a la mente de la bailarina.

Cada aspecto diferente de la danza es inteligente y completo, y cuando cada uno de ellos se une con los otros, se crea un todo que es más que la suma de sus partes…

Bharata Natyam se baila con la música carnática, del sur de la India. La danza tiene dos aspectos: puro baile y baile con expresión. El contenido de ambos está determinado por los distintos aspectos de la música, el ritmo, la melodía y la letra. La música es primordial en esta danza y, debido a esta estrecha relación, la bailarina debe ser entrenada también en el aspecto musical. Algunos de los grandes bailarines han señalado que, más que bailarines, son esencialmente músicos.

La especialista nos explica que este curso puede ofrecerse tanto en residencia -el caso del curso realizado en Viña del Mar- como en retiro, para practicar la meditación en grupo: “El descanso profundo, el silencio interior y la mayor coordinación mente-cuerpo que se obtiene con la Meditación Trascendental (MT) mejoran todos los aspectos de la vida, lo que apoya la práctica de la danza. Es como tensar una flecha hacia atrás del arco antes de soltarla para dar el golpe en el blanco”, destaca.

Integración del ser

Innumerables testimonios avalan la efectividad terapéutica de estas danzas respecto de la disminución del stress, el incremento de la energía, la inducción al descanso y al sueño.

“Cuando llegué a este curso estaba con una inmensa falta de energía, por el término de mi carrera. Al practicar los adavus y mudras comencé a recuperar la energía y la vitalidad del cuerpo, la mente y también del alma. Me siento revitalizada y más activa al tomar conciencia de mi cuerpo, favoreciendo el equilibrio y la concentración. He recuperado el tono muscular. Me siento más feliz y con una profunda integración del ser” es el testimonio de Sandra Rojas Araya, casada, madre de cuatro hijos y egresada de la carrera de Naturopatía.

Por su parte, la doctora Gisela González apunta que aunque en tan corto tiempo no pueden percibirse los efectos generales que produce la práctica constante, ella se siente más activa y energizada, porque esta danza requiere un gran esfuerzo de coordinación en sus movimientos.

“Se vivencia el vínculo mente-cuerpo en forma muy marcada y consciente –prosigue-. Supongo que me siento más energizada porque he tenido que poner mucha atención a la coordinación de los movimientos y por los golpes con los pies, que activan la circulación de la sangre y una serie de puntos en la planta, según la medicina oriental”.

Y agrega que es muy probable que con la práctica prolongada, al igual que con el yoga, se obtenga también una profundización en el estado de conciencia y una mayor serenidad, además de un impacto positivo en los niveles de salud y calidad de vida.
“Teya… teya… teya… te…”

 

 

Crédito de la foto: Jim Davis